Por Dalejo Peñaloza.-
Fue la 𝟰° 𝗲𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻 del Festival que despertó una gran consigna que trabaja sobre la identidad de todo un pueblo al píe de la montaña. Intenta demostrar quiénes son en realidad como comunidad, otorgando valor a su producción y al trabajo que se desarrolla en conjunto.
Desde temprano, las calles se llenaron de vida con emprendedores, artesanos y gastronómicos locales al son de miles de familias que disfrutaron de un domingo distinto. Para cuando cayó el sol, el escenario se transformó en el centro de la escena a puro arte: música, danza, talento y una energía que se extendió a cada rincón del departamento.

Una nueva edición
Artistas, ballets, promociones estudiantiles… todos fueron parte de un festival que se ha trasformado en parte del corazón de los tupungatinos.
A pesar el frío que se manifestó en el lugar de los festejos, la gente se quedó hasta el final, acompañando, celebrando y sintiendo cada momento programado.

El Festival de la Nuez y los Vinos de Altura no es solo un evento del Valle de Uco. A tan solo cuatro ediciones se ha transformado en sinónimo de trabajo, cultura, producción y encuentro. Es el reflejo de los tupungatinos y el impulso para seguir creciendo.
