Por Dalejo Peñaloza.-
La Asociación Sanmartiniana distinguió a un niño de Tupungato, de tan solo ocho años, por las buenas acciones que realizó al donar, a otros niños, sus juguetes.

Entregar sus pertenencias a otros iguales con la intención de generar en ellos un bienestar, una alegría, es un claro ejemplo de estar en el camino correcto para convertirse en un hombrecito de bien. Al mejor estilo Sanmartiniano.
Es el caso de Juan Elías, un niño de Tupungato, quien en la proximidad de la llegada de los Reyes Magos decidió regalar parte de sus juguetes. La idea de Juan fue poder colaborar con los Reyes para que ningún niño quede sin juguetes. Por eso sacó una mesa a la vereda, un cartel que decía Juan regala sus juguetes y así comenzó la entrega de sus elementos de juego a quienes llegaron hasta su puerta.

¿Por qué hacerlo?
Su mamá Jorgelina explicó que Juan, en su cabecita, entendía que el mundo es demasiado grande y que son muchos los chicos a quienes los Reyes tienen que visitar para entregar los juguetes. Ante la posibilidad que alguno no pudiera ser visitado, Juan se puso en la tarea de colaborar con sus juguetes intentando dar una mano a los Santos Reyes.
El gesto de Juan multiplicó los panes. El mismo confesó sentirse “muy feliz de poder regalar… Que el hecho de regalar hace más feliz a las personas…” No cabe la menor duda que es así ya que muchos vecinos y personas del departamento se sumaron a la entrega y fueron llegando al lugar con bolsones llenos de juguetes. En un momento en el lugar solo había caritas de asombro y llenas de alegría…una bomba de bondad estalló en pleno Tupungato. ¡Hermoso!
Desde la Asociación Sanmartiniana del Valle de Uco, de manos de Mario Miranda y Daniel Astudillo, llegó una distinción que busca promover está simple pero emotiva y conmovedora acción. Un gesto así, habla más que mil palabras.
¿Y el mensaje?
En tiempos donde todo parece ser parte de una misma cosa absurda, enmarcada entre chips y programas de computadoras, estrategias políticas frías y amenazas bélicas o biológicas encubiertas; encontrar expresiones genuinas y nacidas en la mente de un infante de solo 8 años, potenciadas por un corazón más osado aún, nos debe llenar de esperanza a todos.
Estos gestos nos permiten pensar que las palabras sinceras, el amor de nuestras madres, las caricias de las abuelas, el esfuerzo de millones de personas que intentaron forjar un mundo mejor… que todo eso y otras tantas manifestaciones humanas no han sido en vano.
Si hay emoción se correcto… decía un sabio.
Gracias Juan Elías. Muchas gracias.

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